viernes 6 de julio de 2007

1/2 o Sobre la desnudez



Sobre la desnudez

(o bien,)
1/2



—¿Cariño…?
…tal vez una carta, explicando. Algo para no sentir el vacío de la nueva soledad como una explosión, tan inesperada, tan pero tan inesperada.
—Oye, ¿de cuándo es este jabón?
—¿Ah? ¿De qué hablas?
Porque el valor para encarar…
—El jabón líquido del lavamanos. ¿No es nuevo? ¡Apenas le queda un concho!
—Amor, si le queda un concho no es nuevo.
¿Cómo se supone que le dices algo así a alguien? “Hola- cariño- cómo- estás- oye- tengo- que- hablar- contigo- decirte- que- me- largo”. Para decirle a alguien que se quiere una cosa así hay que ser una especie de monstruo. No es mejor, hacer eso, que golpear a tu mujer, o vivir a punta de insultos. Tal vez sea incluso peor, porque…
—¡No hay excusa para que se acabe un jabón de medio litro en una semana!
—¿Qué quieres decir?
—¿Cómo te lavaste las manos para gastártelo así?
La culpa, esa culpa, ¿no? Aplastante. Haría sentir a cualquiera como un burro cargado hasta reventar, ¡una caravana de camellos completa! Arrastrándose por el desierto con el lastre inmenso de…
—Otros seres humanos, ricura, se las apañan con unas gotitas para lavarse las manos.
—¿Y el tonito?
—¡Es para que entiendas mejor…!
¡Pero es tan injusto! Ser separado de lo que se desea, lo que desea con desesperación, precisamente por aquellos a los que quiere, a los que quiere bien. Por los que uno besa en la frente al mandarlos a dormir o abraza por la espalda al meterse en la cama que todavía no se ha calentado. Al menos… desde ese punto de vista… es triste, eso sí, hay que decirlo; pero no deja de ser una inmensa suerte que no hayan venido los hijos, que fueran siempre postergados hasta ahora —hacerse imposibles—.
—No entiendo por qué montas un escándalo así.
—¡Te zampaste el jabón!
—¡Ya…! ¿Es para tanto?
—No puedo creerlo… a veces eres un idiota. Ahora tengo que ir sólo a comprar jabón…
—¡Ah…!
—…
—Cuando te pones así no te soporto, ¿sabes? Simplemente no te soporto.
—…
—Dame… yo voy. Para ya, ¿bueno?


2 comentarios:

Esther dijo...

Bueno, Sierra, qué quiere que le diga, pasé por aquí y no resistí la tentación de dejar un comentario.

Una palabra, un signo más, que conecte el diálogo (excelente diálogo) y el pensamiento de él. Solo eso, y este breve escrito, ¡ah!, amigo, cómo deslumbraría, a primera leída, su excelencia en el equilibrio interno.
Él (insisto, él), primero, pensé “Diablos, qué difícil el desgarro entre “esa cosa” que desea y su presente y futuro –que también desea- y la culpa, su pavorosa culpa, pobre él” Luego, cambié de opinión. No es tan pobre: se culpa por amar a eso que ame, sea lo que sea, ¡a tantos sólo los desespera la culpa por hastío, por mero aburrimiento, por no tener a qué desear fervientemente! Su pasión lo salva de la ingominia de pobre criatura, aunque escaso consuelo, si la elección que debe hacer (que pospone hacer, yéndose a comprar más jabón, criatura débil, al fin y al cabo) lo partirá al medio (1/2), irremediablemente y no lo salvará de la culpa.
Algún día, quizás, comprenda cómo haces para desnudar tanto en líneas tan aparentemente (aparentemente) casuales.
Repitámonos, que no hay otra: excelente.

Un abrazo, Esther

susana dijo...

Felicitaciones!!!!!
Excelente, me encanto, realmente está muy bueno, logra decir tanto con tan poco. Sigue escribiendo así!!!