Cocteles, souvenirs
Cuando empecé a estudiar, la primera época, me sentía desesperado: todo lo que pasaría por el resto de mi vida sería memorizar artículos. Y sería lo que hicieran mis amigos, toda la gente que conociera y frecuentara —siempre con los mismos apellidos—; y el mundo estaba hecho de apuntes, códigos, café y colillas de cigarrillo. El peso del cliché académico me abrumaba; mientras más me felicitaban, más náusea me daba ser lo que era.
Por un tiempo, la única fuente de alivio vino a través de la pared del departamento que compartía con un compañero de facultad (más clichés, el del departamento de estudiantes). Ópera, me llegaba. No era una cosa totalmente confiable —siempre inesperado, en realidad—, pero algunas noches venían las voces de tenores, sopranos, mezzosopranos; voces de Verdi, sobre todo Verdi; algo de Wagner, Mozart y hasta la Fidelio. Empecé a aprendérmelas. La ópera nunca me había llamado especialmente la atención, pero hice un par de inversiones y acabé teniendo las más importantes.
Retirado permanentemente. Lectura solicitable con carné de socio.
Sinopsis: Avatares de un estudiante de derecho que tiene algo en común con una vecina. Esto es interesante por dos razones: a) los estudiantes de derecho son un tópico del autor, que cree tener algo que decir al respecto, y b) las vecinas como esta interesan a cualquiera.

8 comentarios:
Estimado:
Hace algunos cuentos que no te leo uno de tan buen nivel como éste.
Excelente.
Vale la pena un comentario más extenso,y no resistiré la tentación de hacerlo, pero, por el momento, me quedo aquí
Cariños,
Esther
Excelente, carajo, el cuento. Después hablamos.
Me encanta, pero... hay algo que me impide ir al baño a hacerme una paja, como tu personaje. Es decir, sí, bueno, se me paró... pero...
Me chocó demasiado la escena del ascensor. Pero cuando descubrí que la vieja era una puta, cambié de opinión: no me choca, pero tampoco me convence. Es decir, la puta sabía que el chico era estudiante, bien, y si lo toca no es por amor, sino porque sabe que un estudiante promedio cede fácilmente a los encantos de una mujer, incluso sin importar el monto. Pero antes de ese día se habían cruzado una palabra, si no mal recuerdo. Ahora, tampoco digo que sea imposible. Es verosímil el hecho, no lo niego. Sin embargo el texto, en ese punto, es demasiado veloz. A veces a las escenas veloces hay que extenderlas un poco, o trabajarlas con más minuciosidad. Nada grave, de todos modos.
Me gusta también todo la presentación del personaje. Hubiese deseado, regresando a lo de arriba, una pequeña mención sobre la identidad de la mujer esta. Sé que la intención era aventar la escena de golpe, pero, repito, algo por ahí falla. Sin esa diminuta fisura, sería perfecto.
También es de mencionar que no recuerdo un cuento tuyo con los pies tan puestos en la tierra de la gente normal, con un narrador... estudiantil.
El final, grandioso. De los mejores finales que te haya visto.
En resumen: Es bueno, pero... no me impresiona. Eso no significa que no sea de tus mejores cuentos. Me detestan por hacer analogías, pero Rach me impresionó. Esto... me parece muy bien escrito. Digno de un aplauso. Hablar de piernas abiertas sin caer en lo vulgar no es tarea sencilla.
si bueno, me sacaste una sonrisa y después me dejaste la boca abierta. eso me gusta de ti.
y una pregunta...
estas en algo literario o algo asi que la gente que te postea te hace comentarios tan "técnicos"?
Dos historias, ambas posibles, ambas poco probables porque son extremas.
Una es oscura, de un gris de pavor. Un vida entre artículos que se odian, y nada más fuera de eso; vivir la vida de estudiante como una sucesión de clichés, recordar a todos los demás, fracasados. La otra es rojo brillante, los gozos interrumpiendo toda monotonía ¡hasta el ascensor!; el recuerdo que nunca olvidará, y se morirá de viejo preguntándose si fue real, o sólo soñó vívidamente la más excelsa fantasía. ¿Extremas? Sí. Cuando uno logra desembarazarse del texto, comprende que son extremas. No cuando se lee, porque – y qué oficio, compañero, qué oficio- en el relato discurren con tanta sencillez, que uno las acepta. La ficción, transformada en realidad creíble y palpable. ¿Qué más se puede pedir, digo yo?
Ambas realidades no están conectadas, en el fondo, ni por él ni por ella. Lo están por la música. Esa música que atravieza las paredes. Esa conversación de óperas que se esperan, se tocan, se regresan. Es lo mejor del cuento y es una de las mejores ideas que te he leído. Me quedará en algún lugar de la mente, brillando, fascinando.
Hay tres líneas que destaco:
“Que los estuviera mirando lo puso a mil, a él.
Y yo llegué a mi habitación a hacerme una paja.”
Si supiera de literatura, quizás podría encontrar el por qué me parecen tan bien construidas. Digo, encontrar sin recurrir al método empírico de probar si resisten el trabajo de ser destrozadas y re-armadas. Resistieron. Las palabras justas, en la secuencia justa. Bien. Prenderle un fósforo a la libido del lector,hacerlo limpiamente,y ser efectivo,no es fácil. Menos, si se trata de una línea sobre la cual equilibra parte del texto.
”Podía sentir el sonido del roce de su mano contra la tela de mi camisa, bajando.”
¿Sintió el sonido del roce? ¿No el roce, sino su sonido? Quedé detenida en la lectura, entre articular inevitablemente con la música, imaginar un estado de exacerbación sensorial de tal magnitud, y admirar la calidad con la que lo expresas.
Y el final. Ése y no otro, ningún otro, luego de leer éste. Bello. Pero algo más. Me llevó un poco lograr desglosar las impresiones de ese todo. Síntesis. Puedo verla, todo el glamour de una diva de cine, de aquellas que fueron rojo brillante en otros tiempos: el brazo levantado y el cigarrillo, el más perfecto toque. Él quedará irremediablemente marcado por esa imagen. Pero sutilmente, por debajo del rojo brillante y el glamour, hay un toque de ¿decadencia? Sí. En definitiva, él no puede escapar a ese gris al cual se aferra con tanta decisión. Síntesis. Admirable.
Releo. Cuentas con mi total permiso para borrar este comentario. Qué verborragia, por favor, para decir menos que lo que dije en el primero.
Sigue escribiendo, que algunos necesitamos (necesitamos)leerte
Un abrazo,
Esther
Es bueno...Tan fluido...Cualquiera podría pensar que eres tú quien lo está contando, y no por escrito precisamente. Es bueno, y me gusta, pero me dieron celos.
Por cierto, ¿la prostituta escuchaba ópera, para qué? ¿Para redimirse?
Bueno, no todos los chilenos se apellidan Jodorowski.
Y... ¡qué suerte! Freak.
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