Nubes como galeones a lo lejos
Adagio
Dejando que el tronco de deslizase por la corriente, el cavernícola se acostó boca arriba, para mirar el cielo con los ojos cerrados. Podía sentir el suave reventar de las olas contra su precaria embarcación, podía sentir la humedad en todo su cuerpo y podía sentir el Sol calentándole la piel, suavemente.
Era un día cálido de invierno.
Después de un rato, fue arrastrado hasta la orilla. Cuando entró a la sombra de los árboles, remó con las manos para avanzar un trecho, hasta que llegó a su desembarcadero. Empujó el esquife tierra adentro y lo dejó a buen resguardo. Después se echó el pescado al hombro y tomó un camino apenas esbozado entre la hierba. Caminó un buen trecho hasta llegar a su cueva. Desde ahí podía verse el paisaje del lago, de los bosques y la bruma.
Al sur, vio un frente de nubes grises: llovería, esa misma noche. Convenía limpiar el pescado antes de que anocheciera. Así podría comerlo y descansar mañana: almorzar algo de carne salada, tratar de no pasar frío. ¿Había suficiente leña seca…? Sí, un buen montón.
No podía olvidar la piel que había dejado a secar sobre la Roca. Se había meado sobre ella en sueños y la había dejado secando al Sol. Si la dejaba afuera en la tormenta, ya no volvería a secarse hasta el verano.
Con la última luz, encendió el fuego. Mientras lo hacía, cantaba:
—Taaaaa… uuutzaaaaa… tuuu-taz-taaaa… Uuuuuiiiiieeeeeemmm… Tut-tat-zat…
Se quedó con la vista pegada en las llamas.
Tenía: ítem: carne salada, escondida en el hueco.
Ítem: leña seca, un buen montón. No como para dos días, no… si el temporal empeoraba tendría que salir a buscar.
Ítem: un pescado.
Ítem: un hacha de piedra; tres cuchillos de palo y cuatro esquirlas afiladas de roca; nueve tiestos y vasijas para guardar agua; dos lanzas; una piedra para usar como martillo; quince estacas afiladas…
Ítem: una fotografía descolorida de un hombre sosteniendo algunos papeles ante gente que parece esperar algo de él. El hombre está parado en el vano de una puerta y en la cima de una escalera.
Ítem: tres anzuelos de concha y sus correspondientes carretes.
Ítem: moras.
Ítem: cinco pieles.
Mierda, la piel.
Ítem: cuatro pieles.
Bueno, se mojaría. Pero qué tanto, habría que tratar de secarla con el fuego, y usarla para otras cosas por una temporada. Tal vez era una señal de que ya era hora de hacer una trampa y atrapar a otro animal. Eso significaría varios días de trabajo… Bueno, ya vería.
El fuego brillaba agradable. Le puso otro leño. Pasó un palo por la boca del pescado y lo clavó en la tierra para que se asara. Mientras esperaba se acurrucó entre sus pieles.
Adagio
Dejando que el tronco de deslizase por la corriente, el cavernícola se acostó boca arriba, para mirar el cielo con los ojos cerrados. Podía sentir el suave reventar de las olas contra su precaria embarcación, podía sentir la humedad en todo su cuerpo y podía sentir el Sol calentándole la piel, suavemente.
Era un día cálido de invierno.
Después de un rato, fue arrastrado hasta la orilla. Cuando entró a la sombra de los árboles, remó con las manos para avanzar un trecho, hasta que llegó a su desembarcadero. Empujó el esquife tierra adentro y lo dejó a buen resguardo. Después se echó el pescado al hombro y tomó un camino apenas esbozado entre la hierba. Caminó un buen trecho hasta llegar a su cueva. Desde ahí podía verse el paisaje del lago, de los bosques y la bruma.
Al sur, vio un frente de nubes grises: llovería, esa misma noche. Convenía limpiar el pescado antes de que anocheciera. Así podría comerlo y descansar mañana: almorzar algo de carne salada, tratar de no pasar frío. ¿Había suficiente leña seca…? Sí, un buen montón.
No podía olvidar la piel que había dejado a secar sobre la Roca. Se había meado sobre ella en sueños y la había dejado secando al Sol. Si la dejaba afuera en la tormenta, ya no volvería a secarse hasta el verano.
Con la última luz, encendió el fuego. Mientras lo hacía, cantaba:
—Taaaaa… uuutzaaaaa… tuuu-taz-taaaa… Uuuuuiiiiieeeeeemmm… Tut-tat-zat…
Se quedó con la vista pegada en las llamas.
Tenía: ítem: carne salada, escondida en el hueco.
Ítem: leña seca, un buen montón. No como para dos días, no… si el temporal empeoraba tendría que salir a buscar.
Ítem: un pescado.
Ítem: un hacha de piedra; tres cuchillos de palo y cuatro esquirlas afiladas de roca; nueve tiestos y vasijas para guardar agua; dos lanzas; una piedra para usar como martillo; quince estacas afiladas…
Ítem: una fotografía descolorida de un hombre sosteniendo algunos papeles ante gente que parece esperar algo de él. El hombre está parado en el vano de una puerta y en la cima de una escalera.
Ítem: tres anzuelos de concha y sus correspondientes carretes.
Ítem: moras.
Ítem: cinco pieles.
Mierda, la piel.
Ítem: cuatro pieles.
Bueno, se mojaría. Pero qué tanto, habría que tratar de secarla con el fuego, y usarla para otras cosas por una temporada. Tal vez era una señal de que ya era hora de hacer una trampa y atrapar a otro animal. Eso significaría varios días de trabajo… Bueno, ya vería.
El fuego brillaba agradable. Le puso otro leño. Pasó un palo por la boca del pescado y lo clavó en la tierra para que se asara. Mientras esperaba se acurrucó entre sus pieles.

12 comentarios:
Te costó trabajo escribir 16 líneas (o quizás ningún trabajo; brotaron y ya). A lo mejor 18, sumando el final. Pero a quién le importa.
No sacaré los porcentajes, pero 16 líneas me gustaron. Las primeras, evidentemente. A lo mejor 18, sumando el final.
Pero no creo importe si, al menos, consideramos la calidad de esas 16, a lo mejor 18 líneas.
Lo demás: pues eso, lo de más.
Y excelente título. Le queda grande al cuento.
no entiendo nada.
yo soy una nube, sabes? a veces lluevo...
me dio como nervio tu historia. me dio como miedo también. y ganas de ser vegetariana...
=)
hey, quiero hablar de la lluvia...se puede?
Claro. Tengo que tener dónde mandarlo, eso sí. A no ser que quieras hablar de la lluvia, tema para el que siempre estoy disponible.
Por lo demás, no hay mucho que entender. Si da nervio está bien, quiere decir que la historia era lo suficientemente buena para que hasta yo pudiera lograr algo con ella.
Saludamientos.
Pues, Sierra, que me gustó mucho
Es limpio. Como en otros textos tuyos, no se cuenta más de lo que se cuenta en el relato. Pero,y a diferencia de algunos de los últimos, la relación entre lo que se dice y lo que no se dice es limpia. Aquí está lo que está, sin vueltas; lo que no está, también sin vueltas. La relación entre ambos, la hace el lector, también sin vueltas. Me gusta: es limpio. Me pregunto mil cosas, pero no ¿y qué quiso decir el autor?
Estoy adentro de la vida del cavernícola. Es curioso: tantas veces leído, tantos náufragos, y rara vez he podido “vivir” lo que leía, como aquí. ¿Qué decirte? Un gracias.
No sé si extrañará en algún momento. Si querrá. Si. Sabes, soy una optimista incurable: quiero creer que no. Me gusta creer que no.
Un abrazo,
Esther
PD: La descripción de sus pertenencias, muy bueno.
Esta tarea de desmenuzar textos empieza a resultar inquietante -aunque juro que nunca probé el brebaje que me ofreció el Dr Jekyll. Si tengo que elegir una parte del cuento, elijo por sorprendente y bien traído este fragmento:
"Mientras lo hacía, cantaba:
—Taaaaa… uuutzaaaaa… tuuu-taz-taaaa… Uuuuuiiiiieeeeeemmm… Tut-tat-zat…
Se quedó con la vista pegada en las llamas."
Yo tampoco creo haberlo entendido del todo, pero lo dicho: no lo intentaré.
¿No reconoce al cavernícola del cuento, Lautreamont? Y, lector de Céline, ¿no reconoce la fotografía? Esto último es más difícil, requeriría no solo conocerla, sino además hacer una asociación de ideas bastante estrafalaria.
Por lo demás, ¿por qué asumir que hay algo que entender? El verdadero misterio es el que no tiene una respuesta difícil, sino el que no tiene ninguna (de otro modo, tras 2500 años, la vida ya la tendríamos resuelta).
¿Quién es el de su fotografía? ¿Wittgenstein?
Rimbaud, qué idiota.
Pero no, si es Lautreamont... Qué curioso, las fotografías de los tres se parecen extremadamente. Eso, vamos, chill's the bones.
Sí, es Lautreamont.
Sobre la foto del relato, tengo dos teorías ahora que me ha mostrado una pista, las dos probablemente falsas. Una es un retrato de Céline, bastante raro, en el que aparece sentado en una mesa con varios papeles. Lleva gafas y traje chaqueta, pero sabiendo cuál fue su posterior evolución estética, no cuesta asimilarlo al cavernícola.
La segunda escena que me viene a la mente es el propio Bardamu, bien en su episodio africano, bien -por lo de la escalera- tras su retorno a París, en su papel de médico y conspirador.
He de reconocer que he estado entrenando a fondo, intentado hacer que las máximas de Confucio tengan algún significado. Pero temo no estar a la altura del juego de sutilezas chino, o peor aún, que no haya nada detrás de esas palabras. Por eso renunciaré, de momento, a buscarle una trascendencia al cuento que tal vez no tenga.
Cerca, cerca... tengo la impresión de que describe usted cierta portada de Guignol's band. Cerca, muy cerca, mi buen Sherlok. Un día la verá, es seguro.
Por lo demás, hace bien en no consultar su manual Zen. Como le he dicho, no hay aquí, ni en ningún trabajo mío, mensajes ocultos. Estoy en contra del ocultamiento, por principios. El ocultamiento no hace más que joderle la vida a uno.
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