jueves 4 de octubre de 2007

Primer ensayo sobre el surrealismo literario

Con toda franqueza, no sé qué leches hacer con este texto. Lo adecuado sería borrarlo.


Posibilidad de la 47 —Adagio
(o bien,)
Primer ensayo sobre la posibilidad de un surrealismo literario


Esta es la imagen: dos hombres vestidos elegantemente toman té con una mesita entre ellos; mantel blanco; tazas de porcelana fina, de esa traslúcida; una tetera igual de delicada al centro y —se puede consentir a ello— un platito con galletas, de las que se examina detenidamente antes de echarse a la boca. Todo esto —atención— sobre una duna de arena en medio de un desierto enorme, que se extiende hasta donde los caballeros elegantes pueden ver.
El primero de ellos dice:
—Es perfectamente posible, si lo piensas, perfectamente posible (se puede vivir aferrado a esta idea); se puede respirar, se puede vomitar, saltar y lanzar uno al vacío sin caer de verdad dentro de la belleza que exhala como un temor remoto de ese hálito de coherencia que todavía esperábamos mientras la eternidad caía, inmensa, sobre la vulgaridad inevitable de los días, inmortalizándola, haciéndola más duradera, eterna, inamovible como los restos de maldad que conserva la luz después de tres años de viaje, o treinta y tres segundos —ya no recuerdo— o tal vez sólo tres, que es lo que se demora en llegar hasta aquí, desde el ojo.
No se sabe cuánto tiempo llevan ahí; pero sí es cierto que han caminado hasta reventarse y han insistido en encontrar la mesita de té. Con las galletas.
Observaciones curiosas: siempre están pulcramente arreglados, a pesar del Sol, del polvo de arena, de la inmensidad. A pesar de que no las comen, las galletas no se acaban (a pesar de ello).
El otro responde:
—Me gustaría admitirlo, claro, sería encantador aceptar que algún día ocurrirá algo semejante y seremos, de alguna forma, pero no la que esperamos, desde luego, porque las cosas al final no suceden así, esto es, como era del todo anticipable antes de que sucedieran estas cosas, estas nuevas composiciones que en cierta medida afectaron el escenario celeste, tanto en el sentido más literal como en lo que podríamos entender por la abstracción neo esquemática de un mundo libre, precisamente, de ese terror vulgar a ser absorbidos como por una manta gigante, dentro del corazón de esa monstruosidad que, en primer lugar (esto debimos sospecharlo) no era posible amedrentar con algo tan mezquino, así de atrozmente heliófobo, ¿entiendes?, me refiero desde luego.
En circunstancias posteriores se les preguntó de qué carajo estaban hablando. La respuesta inmediata: sobre la sonata Kreutzer. Cosa del todo fascinante, considerando que ninguno pensaba que la sonata fuese incoherente, o minimamente absurda. Incluso añadieron que les parecía “del todo grandiosa”. Cuando se les requirió una explicación, adujeron que estaban irremediablemente emocionados.
¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?
En relación a otro hombre que, en circunstancias similares, flota a la deriva sobre una balsa hecha de pianos, y que ya ha sido mencionado otras dos veces en el archivo del caso —una de ellas, lamentablemente, sobre un pájaro de papel que fue abandonado en un sitio lleno de gente—, ambos declararon no conocerlo en absoluto.
La interminable tensión de la coherencia, la necesidad menos que animal de hacerse entender, acaba por destruir a esa cosa. Esto es, claro, si alguna vez hubo algo semejante… ¡Entendimiento…! ¡payasadas!

1 comentarios:

tu peor pesadilla.. dijo...

tanto para las 5 páginas? o es una sequía general?