miércoles 11 de junio de 2008

Ferocidad

Ferocidad



Al otro lado de la luna, el oscuro, algunas cosas no son como aquí. Entre los ralos árboles de la jungla, por ejemplo, acechan bovinos de la más diversa naturaleza. Por eso, ningún paseante puede aventurarse de noche, cuando es más probable que una vaca se siente en cualquier momento sobre el imprudente, aplastándolo al quedarse dormida. Al borde de la foresta puede encontrarse refugio en las cabañas dispersas de los amables eremitas, que siempre están dispuestos a ofrecer una taza de chocolate caliente (terriblemente espeso, como les gusta) y no necesitan en absoluto conversar. Desde las ventanas redondas de sus casas vigilan constantemente los movimientos entre los troncos, largos y lisos, brillantes —entre la penumbra—, preparados para ver aparecer una vaca en cualquier momento y dar la señal de alarma. Al otro lado, el de acá, los selenitas perdieron la costumbre del chocolate caliente, y todo desapareció cuando las grandes aves grises se llevaron al cielo a las cándidas niñas desconsoladas, que lloraban sin esperanza de ser así recibidas. Por eso, ahora caminan sobre la arena fría del lado oscuro, con el riesgo de las vacas pero la inmensa alegría de ser recibidas en silencio, con una sonrisa y chocolate.

7 comentarios:

Cucaracha homicida dijo...

Sin que venga a cuento...

Acto gratuíto nº 34 del señor Nicanor Parra:

Ordeñar una vaca y tirarle la leche por encima de la cabeza.

Tenga un buen día, señor.

berti dijo...

Es terrible eso de perder la costumbre del chocolate, sobre todo la del chocolate y el bizcocho... Vamos mal, mal. Bueno, son los selenitas los que van mal, mal.

Por cierto, ese es el que más gracia me hizo a mí, cucaracha, en el raudo vistazo que pude echar

Cucaracha homicida dijo...

¡Salga de mi cabeza!

Esther dijo...

¿Hay algún otro más, como éste?

Sierra, mis respetos.


Abrazos,
Esther

elisita dijo...

Oye y en qué lado estás tú?

Sierra dijo...

Del lado de acá, de otros lados en los días buenos y del lado de allá en un futuro que planeo lo más cercano posible.

¿Qué le pasa a todo el mundo con el pobre Ferocidad? Bagatelas...

Blátidos...

Pomfolygopaflásmasin dijo...

Muy buen cuento, me encantó, sobre todo, eso del chocolate "terriblemente espeso", pues me parece hablar de algo más allá de la espuma en la boca.
Muy bueno.